• Vie. Oct 30th, 2020

Joe: acorde(s) al rasgueador

PorSebastián Vera

Ago 20, 2020

Deseaba encontrar a Federico García Lorca, y aún con el corazón guiándolo ciegamente hacia tierras granadinas, supo que su cuerpo no era más, solo polvo y pisadas. Quizás pensaba que su experiencia como sepulturero en el cementerio de St. Woolos en Newcastle podría ayudarlo. Jesús Arias, músico y periodista, caminaba junto a él y no lo entendía: ¿cómo podía un extranjero querer encontrar el cuerpo del poeta en Fuente Vaqueros? El horizonte, en Viznar, es inabarcable para la búsqueda, solo es posible escuchar la voz de los muertos.

David y John

Cambió su habitación. La pintó de negro completo, adornándola con esvásticas, alguna copia del Mein Kampf, y mucha simbología fascista. Cada día se distanciaba de su familia. John, como su hermano menor, no podía creer en lo que David se estaba convirtiendo. Cuando estudiaban juntos en el City of London´s Freemen´s School debían pertenecer a uno de los dos bandos que ahí existían: eras opresor o te convertías en un oprimido. John escogió el primer bando, David formó parte del segundo.

David prefería mantener silencio, a diferencia de John que era muy parlanchín. De su timidez tuvo la idea de no formar más parte de los oprimidos y convertirse en un opreso. Se enroló en el Frente Nacional y se volvió un nazi…pero las palabras lo ahogaban: no podía hablar con nadie. El silencio lo embargaba. Escogió una islita del Regent´s Park para suicidarse y decide morir de una sobredosis de pastillas. John tuvo que identificar su cuerpo. Ese día, David y John murieron juntos. John con una huella más blanca en la mente y la piel.

De John a Woody a Joe

“Solo había una opción después del colegio, y era la Escuela de Arte: el último recurso para los falsos y mentirosos y gente que no quiere trabajar” recuerda Woody Mellor. Lo expulsan luego de realizar un collage con tampones usados. John homenajea a Woody Guthrie con su nuevo nombre. Se convierte en aprendiz de blues bajo la tutela de Tymon Dogg, violinista subterráneo y amigo suyo. Vive de noche y su espíritu de aventura le permite sobrevivir varias odiseas. “Voy a ser una estrella de rock” le asegura a su novia Deborah Van Der Beek.

Forma parte de la banda The Vultures, un reciclaje de personas de su escuela de arte, y convencen a un promotor ingenuo de tocar en un bar en Bristol. No gustan, y hasta les lanzan vasos de cerveza. No hay dinero, y decide abrir y vivir en una casa okupa, el 101 de la calle Walterton, y en su honor forma la banda The 101´ers. Descubre la ética del punk: hazlo tú mismo, nadie lo va a hacer por ti. Nuevamente se rebautiza y, esta vez, decide llamarse Joe Strummer (antes se decide por el nombre Johnny Caramelo, pero no funciona) por su nulo conocimiento de guitarra y su aprendizaje básico y rudimentario. Su primera canción Keys To The Heart la escribe para Paloma “Palmolive” Romero, baterista de The Slits.

El encuentro, el choque, el estruendo

En el barrio de Shepard´s Bush, Bernie Rhoades, reúne a Mick Jones, Paul Simonon y a Keith Levene. Lleva a Joe a conocerlos. No se miran y el ambiente es un tanto tenso. “Creo que deberían formar una banda” les dice Bernie. Joe disuelve a The 101´ers y deja a un lado a sus amigos okupas. Comienza de cero con sus nuevos compañeros, sin Keith debido a que no encajaba en el grupo. “El rugido de la ciudad, así suena nuestra música” recordaría Mick Jones al hablar de The Clash, la única banda que importa.

Joe creía utilizar una mascarada. Le jodía venir de un colegio privado y ser punk, le jodían las contradicciones que significaban la escena y su vida proviniendo de una familia de diplomáticos; pero lo suyo no era una pose: creía en lo que hacía. Se inspira en sus vecinos, sus colegas, gente que ama y que lo rodean: vuelve al punk accesible para todos. Política espiritual, explorar la naturaleza de la autoridad y mostrarla a través de la música, ser libre. Ataca con la verdad y convierte a sus canciones en un atlas. Londres llamando… ¿no me vas a sonreír?

El futuro no está escrito

No hay ternura ni humanidad en el fanatismo. Martin Scorsese, Matt Dillon, Bono, Johnny Depp, Steve Buscemi, Jim Jarmusch, Courtney Love, Anthony Kiedis, Flea…varias personalidades se enamoran de la figura de Strummer, y Joe siente que el éxito y la fama merman la sinceridad y pureza de sus acciones. Cayó e inventó sus propias trampas. “Si me hermano hubiera conocido Granada, no se habría suicidado. Es fantástico estar vivo” dijo Strummer a Arias, buscando su rumbo entre cumbia, reggae, rap, rockabilly, rock…música, arte y nada más.

Felices 68, Joe.

En mis redes: @sebis_vera

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