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Nos hemos fallado

PorSebastián Vera

Ago 24, 2020

Hemos llegado a un pacto invisible con nuestra propia apatía. Nos hemos convertido en un perpetuo anacronismo político nauseabundo que, más allá de horrorizarnos con el cinismo y la moral chabacana de sus figuras más prominentes, nos entretiene mientras marchamos al abismo. El poder convierte nuestras necesidades, angustias e inminentes colapsos en el espectáculo de unos pocos, capaces a través de sonrisitas y bufonadas, de disminuir la rabia y aumentar la devastación y las cicatrices en las personas.

¿Cómo puede ser posible que a la justicia y a la democracia se les haya pasado por alto anular, vetar, desaparecer a individuos románticos lucradores cuya máxima es disponer de cloacas donde verter sus pensamientos y políticas basuras? Nietzsche menciona que, para cumplir con este fin, pueden servir muchas cosas: personas, relaciones, clases sociales, la patria, el mundo e inclusive el buen dios. Acá, les sirven todos los elementos antes mencionados, pero también los medios de comunicación, la salud, la educación, la economía, la ictiofauna, los procesos judiciales, la política y lo político.

Continuar con el juego de los imbéciles y malvados culmina en la temible vanidad de la ignorancia, que nos da amnesia en pequeñas dosis para que no notemos la insoportable perpetuidad de los falsos y mediocres en sus muy nuevas estrategias de control y manipulación, llámense estar cerca de la generación millenial y centennial con discursos vacuos enfocados en la paridad de género, la justicia social o el feminismo, e inclusive convertir a la obstinación en un ejemplo de perseverancia por un bien superior, fuera del alcance de este país venido a objeto de experimentación de las élites.

Al parecer, nuestro progreso se estructuró a forma de engranaje, donde cumplimos la función de pieza dentada, desechable y reemplazable, para su correcto funcionamiento, bombardeados de estimulaciones innecesarias desde la cultura que aumentan nuestro deseo insatisfecho de convivencia con el miedo de encontrar e interpretar el significado oculto de nuestros síntomas. ¿Cuál es el obstáculo de nuestra complejidad política y el objetivo que deseamos alcanzar? Si la mentira es la narrativa común y constante en el campo político ecuatoriano: ¿cuándo podremos distinguir lo verdadero de lo falso? Creemos ver contrastes y ocultamos las transiciones. Nos hemos fallado.

En mis redes: @sebis_vera

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