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Te recordamos, Víctor

PorSebastián Vera

Sep 16, 2020

Antes de iniciar el día recogiendo leña para alimentar la hoguera, el pequeño Víctor Jara se dirige a la acequia a lavarse los pies. El agua fría le entra por los poros y lo despierta; Ñuble lo abraza entre terremotos y lluvia. Cierra los ojos: la voz de su madre resuena en su cabeza y sus venas vibran como cuerdas de guitarra. Abre sus ojos. Rememora a aquellos quienes en su vida fueron flores en el desierto; sonríe y ensancha el pecho, aprieta firme su mano, y hunde su canción en la memoria. Víctor canta.

La Nueva Canción Chilena toma fuerza con él y varios otros grandes exponentes: Illapu, Quilapayún, Inti Illimani…El reflejo del Chile combativo y popular recoge en las voces y melodías de los artistas el sentimiento de una nación harta de injusticias. La canción rebelde habita en Víctor: “Ya basta de música que no nos dice nada. Que nos entretiene un momento y nos deja tan huecos como siempre. Fue una canción que nació de una necesidad total”.

4 de septiembre de 1970. Salvador Allende llega al poder: es el primer presidente marxista elegido democráticamente. Los EEUU lo ven como un peligro para el continente y temen que Chile se convierta en una nueva Cuba. La clase trabajadora de Chile está presente. La Unidad Popular tiene entre sus filas a los de la Nueva Canción, y es Víctor su principal abanderado y defensor. “No hay revolución sin canciones” dice Allende.

La derecha chilena no puede soportar la idea de que el Pueblo tenga una participación activa en las transformaciones sociales del país. Quien se proclame comunista o de izquierda simplemente es reducido a un criminal, a un vago. Se los identifica fácilmente por la pinta. Carabineros y grupos paramilitares de extrema derecha hacen de las suyas con la gente en las calles. Se preparan, ríen. Presienten el final de la UP y de Allende.

11 de septiembre de 1973. Víctor escucha la radio. Las operaciones militares contra Allende empiezan. Se pide la organización inmediata de los trabajadores para hacer frente a la amenaza fascista. Víctor se dirige inmediatamente a la Universidad Técnica del Estado. El golpe de estado se pone en marcha. La Fuerza Aérea chilena bombardea el Palacio de la Moneda. “Yo no voy a renunciar: pagaré con mi vida la lealtad del Pueblo. La historia es nuestra, y la hacen los Pueblos. ¡Viva Chile, viva el Pueblo, viva los Trabajadores!” dice Allende por la radio. Pinochet sonríe.

Víctor llama por teléfono a su esposa Joan. Deberá quedarse esa noche en la universidad debido al toque de queda. Como presintiendo su final, Víctor le dice a Joan que la ama y que sea valiente. Se despide para enfrentar su propio destino. En la mañana del 12 de septiembre, cerca de 100 militares avanzan hacia la universidad. Sin ninguna advertencia de por medio, comienzan a ametrallar la casa central del campus. Logran que estudiantes y profesores salgan desesperados y los capturan para trasladarlos al Estadio Chile.

El estadio alberga cerca de 5000 presos políticos. Todos llegan en condiciones deplorables. En una de las filas que se forman para entrar al ahora campo de concentración, un militar logra identificar a Víctor. Furibundo, lo saca de la fila y le dice: “¡Vos sos el conchesumare, el hijueputa, el Víctor Jara, el cantor de puras canciones comunistas! ¡Yo te enseñaré, weón, a cantar canciones! ¡Canta ahora, weón!”. Le da un culatazo a Víctor en la espalda y con un segundo golpe lo manda al piso. Víctor trata de protegerse el rostro utilizando las manos pero una patada lo alcanza. No contentos con ese golpe, le destrozan las manos pisándolas. “¡Vamos a ver si con estas manos logras tocar de nuevo, hijueputa!”.

Víctor se encuentra totalmente destrozado. Con el rostro ensangrentado, sentado en el palco del estadio, mirando hacia los graderíos. Ahí está el Pueblo, con él, mientras agoniza, mientras espera las torturas de los demonios militares, quienes  por cuatro días, torturan al cantor: queman su cuerpo con cigarrillos, le cortan la lengua y le rompen los dedos. El 15 de septiembre, horas antes de su muerte, Víctor realiza su testamento, su última canción: “Somos cinco mil” o “Estadio Chile”.

Canto, que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito
en que el silencio y el grito son las metas de este canto.

Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento hará brotar el momento…

El 16 de septiembre, Víctor Lidio Jara Martínez muere acribillado por Pedro Pablo Barrientos de 44 balazos. Víctor se inmortaliza bajo la guadaña golpista, elevándose al cielo por el cariño del Pueblo, que lo recuerda siempre, año tras año. El silencio no cabe para Víctor Jara porque su canto nunca ha parado de resonar entre estudiantes, trabajadores: todos aquellos para quienes la libertad y el amor son las dos grandes fuerzas que unen y hermanan, reclamando y tomando el derecho de vivir en paz. “Nosotros somos porque existe el amor, y queremos ser mejores, porque existe el amor.”

Por Sebastián Vera

En mis redes: @sebis_vera

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