• Mar. Oct 20th, 2020

Jimi Hendrix, Dios Eléctrico

Dios habita y existe en los seres humanos de formas inhumanas y sobrehumanas. Es por eso que aquello a lo que se le conoce o nombra como “el toque divino” es obra de la suerte y la locura, de la aventura del destino, y de un ansia ignota de alcanzar la monstruosa inmortalidad.  Un alquimista eléctrico utilizó su arte como revuelta de libertad -canibalizada por el éxito-, como medio de búsqueda subversiva, bautizada y santificada por todos sus adoradores (y detractores) mientras creaba magia del aire en los escenarios que lo acogían como a un ídolo, inspiración eterna para todos quienes reconocen a James Marshall Hendrix como el mejor guitarrista de la historia, el gran ícono y profeta del rock.

DIOS mata a dios

Cream literalmente se pensaban como la crema innata del rock. Con Ginger Baker en batería, Jack Bruce en el bajo y Eric Clapton en guitarra, no existía sobre la faz del planeta un súper grupo de mayor calibre rockero que ellos. Otras leyendas como John Lennon y Pete Townsend admiraban la fusión jazz del trío. El 1 octubre de 1966, Cream se presenta en la Universidad Politécnica de Londres para ofrecer otro gran espectáculo, esta vez, uno del que serían testigos y no hacedores. Durante el intermedio de su show, un joven negro de 24 años, desgarbado aunque extremadamente atractivo, se abre paso en el escenario para darle al jam con los músicos ingleses.

Un desconocido Jimi Hendrix saluda y agradece a los músicos por la oportunidad de tocar junto a ellos. Primera sorpresa: es zurdo, algo casi inusual, raro; segunda sorpresa: se abre paso por el escenario como si se tratara de su casa, con soltura y confianza; tercera sorpresa: el jam será con la canción Killing Floor, del bluesman Howlin´ Wolf, pieza de una ejecución compleja. Silencio total. Primeros acordes. El lugar retumba con la vibración del embrujante sonido que emana de la guitarra de Hendrix. Es hipnótico, excitante. Baker y Bruce le siguen el paso al sonido psicodélico de esta nueva experiencia. Por su parte, Clapton no puede creerlo. Se encuentra totalmente abrumado, avergonzado, atónito, anonadado. Abandona el escenario, nervioso. Nadie le advirtió de lo jodidamente bueno que sería Hendrix. Nace un nuevo héroe: el dios eléctrico.

Are you experienced?

Guitarristas y músicos ortodoxos empiezan a criticar (maravillados) al joven Hendrix. Se entiende en parte sus molestias porque, al presenciar algo nuevo, bizarro, espléndido, no se logra captar de inmediato la esencia de su autenticidad. Toma tiempo digerir la idea de que el mismísimo dios haya encarnado en un cuerpo humano para crear nuevos paraísos sensoriales. Miles presencian el toque divino en diversos festivales: Miami, Monterrey, Isla de Wight, Estocolmo, Woodstock…La fuerza alquímica de su sonido se expresa en movimientos y actos supremos: coloca la guitarra a sus espaldas cuando improvisa, rompe e incendia su instrumento, utiliza sus dientes para solos punzantes e innovadores.

Robert Johnson, leyenda del blues y miembro fundador del Club 27, espera al alma de Hendrix mientras el músico muere asfixiado en su propio vómito. En tan solo 4 años desde su épica aparición en Londres, Jimi lanza tres álbumes con su trío, The Jimi Hendrix Experience, y funda su propio estudio de grabación, Electric Lady Studios. Los excesos y una gira prácticamente interminable desgastan y cansan al joven músico. Solo quiere dormir un rato, pero la muerte lo visita de improviso. En su descanso se inmortaliza, y deja su cuerpo para elevarse a los cielos mientras se dice: “Estoy aquí para comunicar. Esa es la razón por la que continúo. Quiero encender a la gente y hacerles ver qué sucede. Mi meta es eliminar todos los límites del mundo”. Jimi asciende al panteón rockstar de leyendas. Todos somos sus deudores.

Por Sebastián Vera

En mis redes: @sebis_vera

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