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El contrapoder del humor

PorSebastián Vera

Oct 23, 2020

El humor desnuda a los poderosos. Los acerca a la realidad entre las risas de aquellos que padecen su estupidez y egoísmo. El humor incomoda al poder. La risa expulsa el miedo y abre los ojos a la realidad para preguntarse: ¿por qué? El humor político no le tiene respeto a ningún hijueputa que normalice la pobreza, la ignorancia y la corrupción. El humor les devuelve cierta humanidad perdida y, entre tanta cabreadera, conscientes de su inconsciencia, se ofuscan porque su vida y sus acciones (generalmente condenables) son risibles.

La fuerza del humor es tal que, las personas, las audiencias, los públicos, todos aquellos que se expongan a él, descubrirán que de chiste en chiste, la verdad sale a relucir. Entre juegos de imágenes y palabras, la crítica al poder reluce y convierte a los actores políticos en figuras hiperbólicas de ellos mismos puesto que la clave de la exageración se encuentra en poner al descubierto sus debilidades y errores. La creatividad y el ingenio son claves para explicar, describir y opinar sobre lo que ocurre día a día en esta suciedad afectiva. Sin sensibilidad que cree fidelidad, el humorista puede pasar a ser el chiste.

El humor también puede anestesiar si este no es utilizado adecuadamente. Puede caer en lo chabacano y simplemente pasar a ser utilizado como estrategia para una risa fácil, simplona, basada en estereotipos o interpretaciones ambiguas. En el humor político la unión de la cultura y la comunicación, ventana de exposición para evidenciar la realidad, es clave: su agilidad, inmediatez y lucidez lo convierten en una herramienta de denuncia primordial para la sociedad. El humor político NO FARANDULIZA LA POLÍTICA, de hacer esto, se vuelve panfletario, trivializa el ocio. María Paula Baena (La Pulla), Vilma Vargas (Vilmatraca), Brozo El Payaso Tenebroso, Beppe Grillo, son algunos ejemplos de humoristas, caricaturistas, comediantes y periodistas que hacen uso del humor como herramienta de denuncia.   

Hay riesgos que tomar cuando de humor se trata. Lo sabía Pancho Jaime al ser asesinado en las calles de Guayaquil (¡Gran huevada ser presidente!); lo sabían los caricaturistas y periodistas de la revista Charlie Hebdo cuando fueron baleados en Francia en 2015 (Je suis Charlie); también lo supo Jaime Garzón cuando lo ejecutaron en Colombia el 13 de agosto de 1999 (Uno se prepara todos los días para morirse); lo sabe El Miche cuando es censurado por el gobierno ecuatoriano de turno (Todos los gobiernos han sido la misma pendejada). El humor es cosa seria, y por ser cosa seria, no se lo puede tomar tan en serio en esta zoociedad.

Por Sebastián Vera

En redes: @sebis_vera

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