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Si insultar a una mujer te hace sentir más hombre, no lo eres

PorJenniffer Rodríguez

Nov 25, 2020

“¿Tú crees que me desafía tu mirada? Me vale reverg*, pueden llamar a la Policía y me vale reverg*. Porque son mujeres no les digo otra cosa y no las mando a la verg* (…) A mí no me calles chuch* (…) Si fueras un hombre, te sacaría la put* (…) Graba, graba, en las redes sociales suban y todidos los que están les sacan la put*. Abusiva, abusiva es lo que eres (…) A mí me vale verg* tutearte, hijueput* (…) Sinvergüenzas, son mujeres todavía, no les da ni vergüenza”.

La cosa fue así: Tres agentes civiles de tránsito  fueron agredidas verbalmente por un  conductor, debido a que su vehículo estaba parqueado en doble columna, en Urdesa central. El tipo insiste que solo estuvo estacionado por cinco minutos, cuestionando la multa de las uniformadas de la forma más grotesca y vulgar que pueda existir, expresada en líneas anteriores. Luego del escándalo que armó el ciudadano, agentes policiales acudieron al sitio y lo llevaron a la Unidad de Flagrancia del Cuartel Modelo.

Siendo hoy el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer podemos ver a varias autoridades haciendo alusión al tema, hablando sobre empoderamiento femenino, el compromiso ante la violencia de género, reducir la impunidad ante estos casos, etc. Yo les voy a comentar un poco sobre los hombres.

Cabe pensar que el ser hombre es algo que viene implícito desde el nacimiento, pero en realidad, hombre es algo que se llega a ser. Superemos el referente biológico de los cromosomas y ubiquémonos en el contexto social, en donde comprobaremos que el ser humano cobra su verdadero espacio desarrollando los roles que desempeña, en función de su identidad y de su status, adquiriendo un nuevo significado basado en las referencias marcadas por la cultura que han de seguir para tomar su identidad, alcanzar status sobre ella y ser reconocido y valorado a partir de esas características.

Lamentablemente, hay personas que tienen un rábano en la cabeza y piensan que el ser un hombre hecho y derecho significa mostrarse como un macho, alfa, castigador,  lomo plateado, que por ser gritón y utilizar palabras soeces demuestra su hombría, ah, pero caballero ante todo, porque no le sacaría la put* ni mandaría a la verg* a una mujer, como el conductor machista de Urdesa.

Esta forma de masculinidad es tan solo una de las tantas representaciones que conlleva a la violencia de género. ¿La solución? Actuar sobre los elementos que configuran esta manera  de pensar respecto a la hombría, modificándolos, evitando así que cada hombre incorpore en su identidad masculina patrones que lo llevarán a cometer violencia contra las mujeres. ¿De qué forma? Transformando las referencias culturales que han vuelto a la sociedad un espacio de convivencia sin igualdad, esto mediante educación, sensibilización y toma de conciencia.

No estamos pidiéndoles a los hombres que dejen de ser hombres, exigimos que sean más hombres, lo cual implica romper el anclaje absurdo y caducado de la hombría y concentrar valores y elementos que destaquen al ser humano sobre el elemento animal de la fuerza y la violencia.

Jenniffer Rodríguez

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