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  • Mar. May 18th, 2021

Polarizadores de la sociedad ecuatoriana

PorSebastián Vera

Abr 8, 2021

La política, a pocos días de conocer al nuevo presidente del país, invade el internet entre anuncios, conflictos gratuitos entre partidarios de Arauz y Lasso, detractores de ambos (o de todos y todo) impulsando el voto nulo, videos, memes y opiniones a favor o en contra de determinado candidato presidencial o del porqué el futuro del país pende de un hilo. Que si Lasso financió al grupo católico Sodalicio, acusados de abuso sexual a menores; que si Arauz no ejerció su puesto durante los 10 años que fue empleado del Banco Central del Ecuador; que si el Movimiento Indígena no tiene cohesión entre sus bases…que si esto o lo otro… ¿cuáles son los polarizadores en la sociedad ecuatoriana y como estos evitan reformas estructurales en el país?

Binarismo correísmo – anticorreísmo

Un fantasma recorre el Ecuador: el fantasma de Rafael Correa. La década de correísmo (sí, la política asociada a Correa se convirtió en una doctrina y una actitud) trajo consigo un sin número de cambios, desde sus comienzos como emblema contrasistema de la política anacrónica ecuatoriana en el que destacó con reformas en materias como economía, educación y política, impulsando el progresismo en Latinoamérica, para -progresivamente- convertirse en un gobierno autoritario, confrontativo con todos aquellos que de alguna forma cuestionaban su poder gracias a su aparataje mediático (basta recordar sus casi 500 sabatinas) entre los que destacan movimientos sociales y periodistas, además de escándalos de corrupción como los asociados a Odebrecht, refinerías, hospitales…

Es innegable el hecho de que la figura de Rafael Correa representa todavía en la actualidad un catalizador de división dentro de la sociedad ecuatoriana. Las opiniones no pueden encontrar puntos intermedios: se es juzgado correísta o anticorreísta, sin importar en ocasiones las explicaciones que se respalden en diferentes hechos sucedidos, hasta ahora, con el ex presidente. La historia lo ubica como una figura política difícil de superar, que todavía cuenta con respaldo popular y que a pesar de querer opacar con diferentes figuras opositoras, no se ha logrado. Todavía continuamos ignorando, más allá de Correa, la transversalización de los problemas del país, lo cual produce, en lugar de análisis, opiniones sesgadas sobre el pasado y supuestos del futuro que no ayudan a asumir nuestra responsabilidad histórica y humana en el presente.

Desigualdad

No todos en el país ejercemos una ciudadanía plena, es decir: no todos ejercemos nuestros derechos sociales y políticos. Aún en una época de avances sociales como esta, población negra, montubia, LGBT+, mujeres, indígenas, y particularmente los pobres, no gozan del mismo derecho participativo que aquellos que han (re)creado la visión de un país gobernado por el miedo en todos sus sistemas de poder, de prácticas políticas basadas en el clientelismo y el corporativismo, y en que, nuevamente, no toda la ciudadanía tiene acceso a la información (a pesar del internet), a la educación y a cierta estabilidad material. La burocracia estatal también condiciona, institucional y económicamente, su accionar, debido a su favorecimiento a intereses individuales, lo que acarrea una planificación obsoleta para la ejecución de políticas sociales.

Las condiciones económicas en que la mayoría de la población del Ecuador vive, son consecuencia de otras problemáticas que no todos observamos a simple vista, o simplemente negamos que tengan interferencia alguna en el desarrollo económico de los individuos: la destrucción progresiva del medio ambiente, los ingresos, el desarrollo comunitario, el género, la pobreza, el irrespeto a los derechos humanos y a la libertad. El bienestar ha supuesto una utopía impuesta por aquellos que la asocian a “regalos”, mas no al conjunto de políticas que crean estabilidad y seguridad en la población. Un ejemplo concreto es el gasto público en salud y educación, que de realmente merecer la importancia y relevancia que merecen, ahora, con la crisis sanitaria que atravesamos, la deserción educativa y el plan de vacunación habrían sido abordadas de una manera más organizada y ecuánime.

Ideología

Al interponerse una ideología determinada sobre el pensamiento de una persona (sin que esto signifique entrar en una paradoja de la tolerancia), y no escucharla ni entender el porqué de la misma, aumentamos el descontento generalizado que existe y deformamos la realidad a placer. El consenso en temas importantes como salud, educación y economía parecen irreconciliables en vista de los extremos ideológicos que se manifiestan desde quienes asocian la posición de un determinado tema con la ideología; por ejemplo: identificarse con la izquierda no significa apoyar a Andrés Arauz, ni ser de derecha implica necesariamente identificarse con Guillermo Lasso. Las cuestiones identitarias y emocionales de cada persona no dependen necesariamente de una postura ideológica, pero determinan la forma en la que se perciben los problemas.

La corrupción, indistintamente de la ideología, convierte a la política -y otros ámbitos de desenvolvimiento de la vida- ya no en una herramienta de transformación y transparencia sino en una antología de egoísmos y mentiras. Los medios de comunicación y los periodistas jugamos una posición fundamental en no generar complicidad ni naturalizar los intereses de quienes únicamente buscan el beneficio absoluto del capital para crear miedo, resentimiento e ignorancia entre las personas. Releyendo(nos) y reactivando(nos) la palabra a favor de la verdad, convertirá al periodismo en el instrumento de cambio y no de banalización. De la confusión, vacilación y locura que generan las posturas ideológicas, debemos dilucidar aquello que, como sociedad, nos permita formar un puente entre desarrollo y compromiso reales entre todos.

¿Y qué hay de las redes sociales, ese espacio líquido donde un imbécil puede opinar lo que desee y ser aplaudido por más legiones de imbéciles; donde la duda es recibida como “tibieza”; y donde la identidad (imaginaria) es prácticamente un juego de incertidumbres? Ahí reside también el desafío: encontrar los matices, el olvidado gris de la materia del pensamiento.

Por: Sebastián Vera

En mis redes: @sebis_vera

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