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  • Mar. May 17th, 2022

¿En qué manos está el poder?

Al  escuchar las declaraciones realizadas este fin de semana por el presidente, en un medio de comunicación lojano, sobre su visión de lo que motiva la desestabilización de la democracia en el país, me pregunto ¿En qué manos está el poder?. Es vergonzoso y lamentable, reducir la crisis multifactorial que vive hoy el Ecuador, a una discusión banal sobre odio, envidia y genitales.

Se entiende que la mayoría de ciudadanos que votó por Lasso vio en él un líder formado, con criterio y argumentos sólidos, por lo menos esos atributos son los que a la hora de elegir un presidente priman en mi decisión al emitir el voto.

Se entiende  también, que  la decisión para su elección, por parte de sus votantes fue la visión de país que proponía, la confianza en su capacidad y experiencia para realizar los cambios que tanto decía poder concretar, la claridad de su programa de gobierno  para implementar un plan de acción para el desarrollo del país, a través políticas públicas,  y propuestas de ley acordes a la ejecución de su propuesta de gobierno, que luego de un año de gestión no logran decifrarse.

Y además se entendía que él conocía, no solo  la problemática económica sino la problemática social del país  y estaba preparado para afrontar imprevistos, contingencias y superar las  barreras  y diferencias de criterios, que entre opositores políticos se hacen presentes en el transcurso de un gobierno que dura cuatro años.

Sin embargo, en la práctica, la discusión entre gobierno y oposición se ha llevado al terreno de la banalidad, me odia, me envidia, me tiene miedo; quién es más o menos hombre,  cuando la discusión medular debería centrarse en la problemática social y económica del país, que exige altura de miras de sus autoridades, para superar la situación de inseguridad que vivimos, la inestabilidad institucional por la acción ineficiente o inacción de sus autoridades, el desempleo, la falta de acceso digno a servicios básicos como salud y educación, etc.

Necesitamos elevar el debate público, dejar de lado las rencillas personales, gobernar no significa  llegar al poder, ese solo es el primer paso.  Lo que construye un mejor país, un mejor gobierno es la discusión democrática entre gobierno y oposición con argumentos, que en unos casos  llegaran a consensos, y en otros ratificarán  la tesis del gobierno  o la de la oposición;  contrapeso necesario a la hora de tomar decisiones sobre  asuntos de interés nacional,  y  no perder el tiempo  con expresiones desafortunadas, que no aportan en nada a la hora de sacar a este país adelante.

Es urgente que la primera autoridad del país de ejemplo y  cambie el rumbo que ha tomado, y  se interese más en resolver los problemas que aquejan en este momento a la población.

Por: María Fernanda Carrión

Twiter: @mariafercm

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