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  • Sáb. Jul 2nd, 2022

Indignados los hijos de…

PorSebastián Vera

May 18, 2022

Volvieron a saltar nuestras pretensiones de defensa “noble”, de patriotas desconocedores de su propia historia –la “única”, la oficial, de los victoriosos–, diversos en blanquitud y mestizaje –folklorizando lo indígena y lo negro, perpetuando su extractivismo cultural–, originales guerreros de “lo nuestro”: el meme de país que construimos día a día. Y es que, en esta diatriba por identidad, somos Juan Fernando Flores vs. Ferdinan Álvarez, Marcelo Dotti vs. Leonardo Escobar…gritamos, reímos, callamos y no argumentamos.

Entre la fanesca de tweets, posts, historias, comentarios, insultos y demás, se advierte una pregunta oculta: “¿QUÉ SOMOS?”. Nuestra identidad se manifiesta a manera de tejido en el tiempo, que se hila con un sin fin de contradicciones, representaciones, afirmaciones, negaciones. En el caso específico de Quito (aunque en realidad aplica para todo el Ecuador), las reacciones con el mural de Okuda por la celebración del bicentenario de la Batalla de Pichincha expresan frustración, inseguridad, resentimiento y prepotencia frente a nosotros mismos.

¿Añoramos un regreso inconsciente y perverso a la imposibilidad de compartir espacios públicos con todo aquello que nos resulte “ajeno”? Pikachu, como lo pude ver en una ilustración, es una representación de nuestro patético patriotismo: inexistente. “Eso no es arte” también dicen por ahí desde su experiencia individual, valorando y distinguiendo su muy variable entendimiento de lo significa la belleza, descubriendo ese yo entre el mural, el espíritu de nuestra época, lo inapresable de nuestro ser: un eclipse pokemón, como diría Pedro Lemebel, “medio envueltos en una indiferencia social que a veces se transforma en displicente soberbia”.

Ojalá y esa rabia florinda y pituca, signo nacionalista de bandera desteñida y mal cortada, pudiera ser indignación colectiva ante un plagiador de discursos. El mismo que tan campante y feliz, citando para ocultar su falta de palabra, decía: “Mi poder en la constitución y mi corazón en el Pueblo ecuatoriano”. El mismo que durante su discurso de posesión presidencial, se preguntaba si en el país se ha gozado de libertad, si ha reinado la igualdad de oportunidades, únicamente para ser él quien afirmara sus dudas con una rotunda negativa.

El supuesto “hombre de acción” del discurso vacío, contrario de aquel presidente que –el mismo día de su posesión el 24 de mayo hace ya 41 años, y a quien le robó las palabras– frente a esa ecuatorianidad fragmentaria, decía: “Nuestra gran pasión debe ser el Ecuador”. Pasión encaminada a inmolación debido a falta de medicinas, desempleo, inseguridad, bajo nivel educativo…y a pokémones. ¡Viva la Patria!

Por Sebastián Vera

En mis redes: @sebis_vera

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